Mientras la guerra explotaba en la superficie, un submarino convencional argentino patrullaba en silencio el Atlántico Sur. Estuvo 35 días en zona de combate. Atacó tres veces. Los británicos nunca pudieron encontrarlo.

La guerra de Malvinas tuvo un capítulo que se libró bajo el agua y que casi nadie recuerda. El protagonista fue el submarino ARA San Luis, un sumergible convencional Type 209 de fabricación alemana, al mando del Capitán de Fragata Fernando Maria Azcueta.

El San Luis zarpó de Mar del Plata el 11 de abril de 1982 y patrulló el Atlántico Sur durante 35 días seguidos, la mayoría sumergido. Su misión era detectar buques británicos y hostigar a la Task Force. Tenía 24 tripulantes, torpedos SST-4 de fabricación alemana, y un equipo de combate computarizado que llevaba meses fallando por problemas crónicos de electrónica.

“Si hubiéramos tenido los torpedos en condiciones, hoy la historia naval británica sería otra. Pero teníamos que pelear con lo que había. Y peleamos.” —Capitán Azcueta, en una entrevista de 2012.

El San Luis hizo tres ataques con torpedos contra buques británicos. Los tres torpedos fallaron por problemas técnicos en la cabeza de guía — un sistema que nunca había sido probado en condiciones reales en aguas tan frías y profundas. Pero el sólo hecho de que el submarino estuviera allí, invisible, obligó a la flota británica a destinar enormes recursos en su búsqueda.

Los datos son elocuentes:

  • Más de 200 cargas de profundidad lanzadas por la Royal Navy contra contactos sospechosos durante la guerra.
  • Cero submarinos argentinos hundidos.
  • Decenas de horas-hombre de helicópteros antisubmarinos Sea King desviadas de otras tareas.
  • El San Luis nunca fue detectado con certeza por los británicos durante toda la campaña.

El Almirante Sandy Woodward escribió en sus memorias: “Nuestra mayor pesadilla era que el San Luis encontrara al Invincible o al Hermes. Si una sola de sus tres torpedos hubiera funcionado y hubiera dado en el portaaviones, la guerra habría terminado en una semana — a favor de Argentina.”

El submarino volvió intacto a Mar del Plata el 19 de mayo, después de superar el agotamiento físico de su tripulación, el frío, la falta de aire fresco y el silencio cargado de sonar enemigo. La guerra terminó el 14 de junio. Pero el San Luis ya había escrito su capítulo de coraje: el de los que pelearon con lo que había, contra todo pronóstico, y volvieron para contarlo.

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