En el centro de Buenos Aires, mirando la Torre Monumental que regaló la colectividad británica, hay un monumento con los nombres de los 649 argentinos caídos en Malvinas. La crónica de cómo se construyó, y cómo permanece.
Hay una ironía perfecta en el centro de Buenos Aires. En la Plaza San Martín, mirando frente a frente, conviven dos monumentos: la Torre Monumental — antes llamada "Torre de los Ingleses", regalo de la colectividad británica al país en 1916 — y el Cenotafio a los Caídos en Malvinas, inaugurado en 1990.
El cenotafio fue una pelea larga. Después de la guerra, durante los años ochenta, los veteranos y las familias de los caídos reclamaron un monumento oficial. La política argentina, atravesada por el juicio a las Juntas, la transición democrática y la voluntad de "olvidar la guerra", se resistió. La palabra desmalvinización nombra esos años: el intento deliberado de borrar la guerra y a sus protagonistas.
“No queríamos un monumento grande. Queríamos un monumento donde se pudieran leer todos los nombres. Uno por uno. Como en Vietnam. Como debe ser.” —Veterano integrante de la Comisión de Familiares, entrevista de 1988.
Finalmente, durante la primera presidencia de Carlos Menem, el cenotafio se aprobó. Se inauguró el 2 de abril de 1990, octavo aniversario del Operativo Rosario. La obra es austera: una pared semicircular de mármol negro, con los 649 nombres grabados en orden alfabético, sin distinción de jerarquía. Conscriptos junto a oficiales. Soldados junto a marinos junto a aviadores. Todos iguales en una sola cosa: en haber muerto por la misma causa.
El monumento tiene una guardia de honor permanente del Regimiento de Granaderos a Caballo. Cada 2 de abril y 14 de junio, los veteranos sobrevivientes se reúnen allí. Algunos vienen desde el interior del país. Otros desde el exterior — porque entre los veteranos del 82 hay argentinos que emigraron después y vuelven solo para esa ceremonia.
Lo que hace especial al cenotafio no es su arquitectura, sino su uso. Es un lugar donde la gente todavía deja flores, todavía toca los nombres con la mano, todavía llora. No es un monumento ceremonial. Es un monumento usado.
Hay algunos detalles que conviene saber:
- Los nombres están ordenados alfabéticamente, sin rango ni unidad. La idea fue deliberada: borrar las jerarquías de la guerra y dejar solo el hecho de la muerte.
- El cenotafio incluye los 323 nombres del Crucero ARA General Belgrano, hundido lejos de las islas — porque la decisión fue contar a todos los caídos del conflicto, no solo a los que murieron en tierra.
- Hay un nombre en blanco al final: una placa que dice "y los que faltan por confirmar". Fue un gesto deliberado por si aparecía algún caído no documentado. Después de 1990, se identificaron varios más, cuyos nombres se agregaron en placas complementarias.
- El monumento se ilumina con luz dorada todas las noches. Algunos veteranos la llaman, en privado, "el sol que ellos no vieron".
Frente al cenotafio, la Torre Monumental — donada por los británicos del Río de la Plata para celebrar el centenario de Mayo — sigue marcando la hora con sus campanas Westminster. Algunos turistas pasan y no entienden el contraste. Otros, sí: dos monumentos que se miran a diez metros, separados por una historia que un país no terminó de cerrar y otro nunca quiso abrir.
Las Malvinas son argentinas. Los nombres están grabados. La memoria sigue.
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