Es una indemnización extraordinaria por los años de desmalvinización, el olvido y el daño psicológico no atendido. Cómo se gestó, qué incluye y por qué para muchos veteranos sigue siendo una pelea abierta.

Para entender qué es el resarcimiento histórico, conviene primero entender qué pasó entre 1982 y 1990. Esos ocho años son el corazón de una herida que el Estado argentino todavía sigue cerrando.

El olvido institucional

Cuando los soldados argentinos volvieron de Malvinas en junio y julio de 1982, los desembarcaron de noche, en silencio, casi a escondidas. La dictadura militar — que los había mandado a la guerra como salvavidas político — no quería que el regreso fuera visible. Los hicieron entrar por puertas traseras. Les pidieron firmar declaraciones de confidencialidad. Los devolvieron a sus pueblos sin tratamiento psicológico, sin red de contención, sin reconocimiento formal.

Después vino la transición democrática. Los gobiernos de Reinaldo Bignone (1982-1983) y Raúl Alfonsín (1983-1989) tenían urgencias mayores: el juicio a las Juntas, la hiperinflación, la consolidación institucional. Los veteranos quedaron en un segundo plano. Como escribió Horacio Verbitsky en su libro Malvinas, la última batalla de la Tercera Guerra Mundial: "los gobiernos los abandonaron a su suerte, como un incómodo recordatorio, y podía vérselos mendigar de uniforme por las calles".

“Antes nos tenían olvidados, nos querían desmalvinizar, hacernos desaparecer como veteranos de guerra.” —Raúl Ernesto León, Suboficial Mayor (R), veterano del RI 25.

Los suicidios silenciados

El dato más estremecedor del período es éste: entre 1982 y los años dos mil, más de 500 veteranos de Malvinas se quitaron la vida. La cifra se acerca peligrosamente a los 649 caídos en combate. Estrés Postraumático sin diagnosticar, alcoholismo, indigencia, familias rotas. El Estado no llegó a tiempo.

La Ley 25.471

En 2002, durante la breve presidencia de Eduardo Duhalde, se sancionó la Ley 25.471 que estableció el resarcimiento histórico: una indemnización extraordinaria, por única vez, para los veteranos de Malvinas y sus derechohabientes, en reparación de los años de abandono.

El monto, calculado en función de los haberes de un Suboficial Principal del Ejército por cada uno de los 90 días del operativo, se actualiza por movilidad. Es compatible con la pensión honorífica de guerra (Ley 23.848) y con cualquier otro ingreso.

Pueden tramitarlo:

  • Veteranos de Guerra reconocidos por el Ministerio de Defensa.
  • Cónyuges supérstites de veteranos fallecidos.
  • Herederos forzosos según las normas del Código Civil.

Lo que sigue pendiente

El resarcimiento histórico no cubre todo. Los conscriptos de la clase 62 que estuvieron en el TOAS (Teatro de Operaciones del Atlántico Sur) sin pisar las islas — barcos, aviones, bases continentales — han peleado durante décadas para que se los reconozca como veteranos, con resultados parciales según el Poder Ejecutivo de turno.

Otra pelea abierta: los familiares directos de veteranos suicidados después de la guerra. Una ley específica que los reconozca como "caídos en combate diferido" se discute periódicamente en el Congreso, sin sanción definitiva.

El gesto que el Estado debe

El resarcimiento histórico es un instrumento legal y financiero. Pero su valor mayor es simbólico: es el reconocimiento formal del país a una generación que peleó por su soberanía y fue ignorada al volver. Cobrarlo es un derecho. Recordarlo es un deber.

Como dice Raúl Ernesto León y como dicen todos los veteranos cuando se les pregunta: "No queremos plata. Queremos memoria. Pero si la plata es parte del reconocimiento, también la queremos. Porque lo ganamos."

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