Antes de Malvinas hubo otra historia de coraje argentino menos conocida: un marino con escuadra propia que, en 1818, tomó Monterey, capital de la California española, e izó la bandera argentina por primera vez en el Pacífico.
La valentía argentina no empieza en 1982. Tiene una genealogía larga, y uno de sus capítulos más pintorescos lo escribió un francés nacionalizado argentino: Hipólito Bouchard.
En 1817, con apenas dos barcos —la fragata Argentina y la corbeta Santa Rosa—, Bouchard zarpó del puerto de Buenos Aires con patente de corso firmada por Pueyrredón. Su misión: hostigar al imperio español donde más le doliera, lejos del Río de la Plata.
Le dio la vuelta al mundo. Cruzó el Atlántico, dobló el Cabo de Buena Esperanza, navegó el Índico, llegó al Pacífico y, el 24 de noviembre de 1818, atacó Monterey, capital de la Alta California española.
Por seis días la bandera argentina flameó sobre Monterey. Es la primera y única vez en la historia que el pabellón celeste y blanco se izó sobre territorio que hoy pertenece a Estados Unidos.
Bouchard no tenía un imperio detrás. Tenía dos barcos, tripulaciones multirraciales —argentinos, chilenos, ingleses, norteamericanos, africanos liberados— y una bandera nueva, de tres años de edad. Y aun así obligó a España a movilizar fuerzas desde Lima hasta San Diego para perseguirlo.
Murió pobre, en 1837, en una hacienda peruana, asesinado por sus propios peones. Tardaron casi dos siglos en recuperar sus restos y llevarlos al Cementerio del Norte de Buenos Aires. Pero su historia es nuestra. Y cuando alguien dice que los argentinos no tenemos tradición de coraje en el mar, conviene recordarle al corsario que paseó la bandera celeste y blanca por California.
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